El placer como función neurobiológica

Aportes de la neurociencia a la fisiosexualidad

1/7/20264 min read

Introducción

Durante décadas, el placer ha sido abordado desde perspectivas morales, culturales o exclusivamente psicológicas. Sin embargo, los avances en neurociencia han permitido comprender que el placer es una función neurobiológica compleja, integrada a los sistemas de regulación emocional, motivación, aprendizaje y homeostasis corporal.

El artículo “The Experience of Pleasure: A Perspective Between Neuroscience and Psychoanalysis” (Moccia et al., 2018), publicado en Frontiers in Human Neuroscience, propone una lectura contemporánea del placer como experiencia multidimensional, sostenida por redes neuronales específicas y profundamente interconectadas con el dolor, la afectividad y la motivación.

Desde la fisiosexualidad, estos hallazgos ofrecen un sustento científico clave para comprender el placer como una función corporal rehabilitable, y no como un fenómeno subjetivo secundario o accesorio al tratamiento en salud.

1. El placer desde la neurociencia contemporánea

Moccia y colaboradores plantean que el placer no puede entenderse como una respuesta localizada en un único centro cerebral. Por el contrario, se trata de una experiencia emergente que surge de la interacción entre múltiples sistemas neuronales.

Las investigaciones neurocientíficas revisadas en el
artículo destacan la participación de:

  • El sistema mesocorticolímbico, particularmente el área tegmental ventral y el núcleo accumbens.

  • Regiones corticales como la corteza orbitofrontal, implicada en la evaluación subjetiva de la experiencia.

  • Estructuras límbicas relacionadas con la memoria emocional y la motivación.

Este enfoque rompe con la idea simplificada del “centro del placer” y posiciona al placer como un proceso dinámico, contextual y modulable.

2. Dopamina, opioides y la experiencia placentera

Uno de los aportes centrales del artículo es la diferenciación entre dos componentes de la experiencia placentera:

  • Wanting (deseo o motivación): asociado principalmente a la actividad dopaminérgica.

  • Liking (impacto hedónico): vinculado a los sistemas opioide y endocannabinoide.

La dopamina no genera placer por sí misma, sino que impulsa la conducta orientada a la recompensa. El placer subjetivo emerge cuando otros sistemas neuroquímicos modulan la experiencia sensorial y afectiva.

Esta distinción resulta clínicamente relevante, ya que explica por qué una persona puede experimentar deseo sin placer, o placer sin una motivación consciente previa, fenómeno frecuente en procesos de rehabilitación sexual tras una lesión o condición neurológica.

3. Placer, dolor y regulación emocional: redes compartidas

Otro aspecto clave del artículo es la evidencia de que el placer y el dolor comparten circuitos neuronales. Ambos procesos participan en la regulación del equilibrio interno del organismo y utilizan neurotransmisores comunes.

Esta superposición explica por qué:

  • El dolor crónico puede inhibir la experiencia placentera.

  • La estimulación placentera puede modular la percepción del dolor.

  • Las experiencias corporales influyen directamente en el estado emocional.

Desde la fisiosexualidad, este punto es fundamental: el cuerpo se convierte en una vía terapéutica directa para intervenir sobre redes neuronales que integran placer, dolor y afectividad.

A woman's head with colorful beads on it
A woman's head with colorful beads on it

4. Aportes del artículo a la fisiosexualidad clínica

La fisiosexualidad parte de un principio claro: el placer es una función corporal entrenable.
Los hallazgos presentados por Moccia et al. refuerzan este enfoque al demostrar que las redes neuronales asociadas al placer son plásticas y sensibles a la experiencia.

Esto abre la posibilidad de intervenir terapéuticamente mediante:

  • Estimulación sensorial graduada.

  • Trabajo miofascial y propioceptivo.

  • Biofeedback y reeducación neuromuscular.

  • Intervenciones centradas en la interocepción y la conciencia corporal.

La neuroplasticidad erógena permite que, incluso en contextos de discapacidad, lesión neurológica o disfunción sexual, el sistema nervioso reorganice sus rutas de placer.

5. El placer como parámetro de salud integral

El artículo concluye que el placer no debe entenderse como un fenómeno marginal, sino como un indicador funcional de salud. Su presencia o ausencia impacta en la motivación, la regulación emocional, la conducta y la calidad de vida.

Desde este enfoque, la fisiosexualidad propone integrar el placer como:

  • Objetivo terapéutico legítimo.

  • Variable clínica evaluable.

  • Componente esencial del bienestar biopsicosocial.

Rehabilitar el placer no es un acto accesorio: es una intervención basada en evidencia neurocientífica.

Conclusión

La revisión de Moccia et al. (2018) aporta una base sólida para repensar el placer desde la ciencia y la clínica. Al comprenderlo como una función neurobiológica integrada, se despatologiza la experiencia placentera y se legitima su abordaje terapéutico.

La fisiosexualidad, al apoyarse en estos fundamentos, se posiciona como un campo innovador que traduce la neurociencia en intervención corporal, inclusión y dignidad.

Hablar de placer es hablar de sistema nervioso, de salud y de derecho corporal.

Referencia

Moccia, L., Mazza, M., Di Nicola, M., & Janiri, L. (2018).
The Experience of Pleasure: A Perspective Between Neuroscience and Psychoanalysis.
Frontiers in Human Neuroscience, 12, 359.
https://doi.org/10.3389/fnhum.2018.00359